La cosa es así: la mayoría de mis amigos adoran a Radiohead. Encuentran verdadero disfrute en los lamentos de Thom Yorke, en las canciones interminables y sonidos que me remiten más a un ataque extraterrestre que a una banda de rock. Pero como yo soy una persona abierta a todo lo que haga ritmo y produzca alguna clase de sentimiento, decidí llevar a cabo el Experimento Radiohead.
¿En qué consiste? Bueno, me bajé (do what you want 'cause a pirate is free, you are a piiirate!) la discografía y estoy escuchando disco por disco, en orden de lanzamiento, para así terminar y, poder afirmar que es soporífero y aburrido como ya pienso, o retractarme y pedirle disculpas a todos aquellos fanáticos enojados ante mi desprecio por la banda.
Nos vemos al final del experimento, si es que salgo viva.